jueves, 15 de enero de 2009

Sorane en el reino de las crisálidas (IV)

El calor le producía sueño, y aún dormida, siguió buscando adónde dirigirse, pues otros sentidos trabajaban en ello, y muchos seres invisibles la acompañaban. La montaña verde fue quedando atrás, y con ella el dulce calor que la arropaba. Sus pies tocaron el suelo otra vez, y sus ojos miraron hacia el exterior. Creyó encontrarse en su hogar, un escalofrío recorrió su cuerpo de arriba abajo. Ante ella se extendía majestuoso un inmenso mar completamente negro, ni siquiera la luna colgada del cielo se reflejaba mínimamente en su superficie. Parecía arriesgado tratar de pasar por allí ¿y si desaparecía bajo esas oscuras aguas sin dejar rastro? No, no podía ser. El mar nunca la haría daño, ella venía de allí y sabría como salir airosa de esta aventura. Se dirigió hacia la orilla con paso firme, y cuando quiso introducir un pie en el agua, algo se lo impidió. La superficie era dura y fría, como una pista de hielo negro. Sin dudarlo, se tumbó boca arriba, las manos pegadas al cuerpo, los pies juntos, y sintió un impulso que la empujó hacia delante a gran velocidad. Así atravesó las cientos de millas que la separaban del otro lado. Una vez en tierra firme, quiso tocar de nuevo ese extraño océano, como para retenerlo en su memoria, pero entonces su mano se hundió en el líquido elemento, y tocó la arena del fondo, y recogió una caracola que guardó en su bolsa de tesoros.

Sus hermanas lloraron la partida, no podían entender que extraña fuerza empujaba a Sorane a abandonar aquel mundo de riquezas sin fin, de armonía y felicidad. Eudora le entregó un espejo de Venus con un precioso mango de nácar en el que un tritón había tallado una espiral cargada de rosas. Así no olvidaría quien era.


En sólo 6 días habría de llegar a su destino, o jamás se podría romper la maldición. La madrugada del cuarto día se despertó envuelta en la melodía más bonita del mundo. Embriagada por ese sonido maravilloso...

domingo, 28 de diciembre de 2008

Sorane en el reino de las crisálidas (III)

El cielo cambió de color, a un violeta denso matizado con reflejos rosas y anaranjados. Un abismo quebró sus pasos, en lo que parecía el fin del mundo. El suelo desapareció bajo sus pies, el vértigo sacudió su estómago y la empujó a tierra, necesitaba aferrarse a ella antes de perderla de vista. Entonces surgió de entre las cortinas de niebla un ave gigantesca, un águila de alas tan grandes que parecían cortinas que cerraban el día. Dio tres vueltas en el aire antes de posarse en el borde de la sima. No habló, clavó sus ojos en los suyos y movió ligeramente la cabeza indicándole que subiera a su espalda. Así lo hizo, hundiéndose en el suave lecho de plumas, a las que se sujetó con fuerza. Atravesaron las nubes moradas, y tomando un pedazo de una de ellas, lo metió en su boca, lo saboreó y lo tragó. Un intenso sabor a fruta adamascada se apoderó de sus sentidos, y por un instante, se proyectaron en su mente imágenes de tiempos que habrían de llegar, extraños sueños de mariposas humanas, de telarañas de filigrana, de castillos de marfil erguidos en el cielo, de niños de cabeza enorme sobre diminutos cuerpos cubiertos de escamas, de amaneceres con 3 soles que competían en brillo y luminosidad, de mares en cuya superficie caminaban seres de cuerpo transparente… cuando abrió los ojos, la noche había engullido todo atisbo de color, y en medio de la oscuridad, como un oasis en el que refugiarse, se erguía una gran roca de cuarzo verde que emitía una extraña luz que extendía su brillo como una luna anclada en el suelo. Allí fueron a parar, sus pies ingrávidos buscaban la tierra firme, pero un espeso calor la empujaba hacia arriba. Guardó en la bolsa de cuero la pluma blanca que le entregó su bienhechora antes de perderse de nuevo entre la bruma. Y así, flotando sobre aquel ambiente onírico, continuó en busca de una nueva señal que le indicase por dónde seguir...




Incluso si debo soltar tu mano
sin poder decirte hasta mañana
nada deshará nunca nuestros lazos...
Incluso si tengo que irme lejos
cortar puentes, cambiar de tren
el amor es más fuerte que la pena...
El amor que hace batir nuestros corazones
exaltará este dolor
transformará el plomo en oro...
Te quedan tantas cosas bellas por vivir...
Verás al final del túnel
dibujarse un arco iris
y reflorecer las lilas...
Tienes tantas cosas bellas ante ti...
Aunque me encuentre en la otra orilla
hagas lo que hagas, te suceda lo que te suceda
yo estaré contigo como otras veces...
Aunque partas a la deriva,
el estado de gracia, las fuerzas vivas
volverán antes de lo que crees...
En el espacio que une el cielo y la tierra
se oculta el más grande de los misterios
Como la bruma que vela la aurora
hay tantas cosas bellas que aún ignoras...
la fe que mueve montañas
la fuente blanca de tu alma
Piensa en ello cuando duermas:
EL AMOR ES MAS FUERTE QUE LA MUERTE...

martes, 16 de diciembre de 2008

Sorane en el reino de las crisálidas (II)

Faltaban apenas 9 días para que se hiciera la noche en el día. Sorane había esperado este momento cientos de años.
Cuando dudaba, acariciaba la piedra azul que la acompañaba desde sus días de princesa del océano, clavada en la cajita de madera donde dormía la tristeza sin ser cautiva. Y aquella le susurraba melodías, de una belleza demoledora, grabadas entre sus vetas por las hermanas acuáticas, para ayudarla a recordar el camino.
Si el cansancio hacía mella en sus piernas, las ondinas surgían de las aguas y vertían en sus labios aquel elixir verde que la llenaba de vitalidad. Y la animaban a seguir adelante, pues los lazos que las unían eran muy fuertes, y ningún embrujo podría romper ese vínculo.
Hermosos valles y escarpadas montañas debía atravesar. Ella confiaba, y la vida le devolvía su fe en forma de regalos que la ayudaban a avanzar. Ante sus ojos se extendían interminables llanuras doradas por el sol, de espigas que peinaba el viento. Un mar de trigo que se tornaba un desierto casi infranqueable para la cansada viajera. Entonces, ante ella apareció un unicornio blanco con pezuñas y crin de plata, engalanado con una preciosa silla de seda y terciopelo, ribeteada con esmeraldas y rubíes. Se postró ante la joven y le rogó que montara sobre su lomo. Y, sujetando las riendas de madreselva, atravesaron aquel páramo en un abrir y cerrar de ojos. Y despidió a su amigo con un abrazo, sintiendo en su interior el profundo dolor que arrastraba aquel mágico ser en su eterno vagar por aquellos parajes, ayudando a los viajeros perdidos a cruzar al otro lado. Y así aumentaba la tristeza, que empezaba a pesar demasiado en su bolsillo de lana… El unicornio lloró una lágrima de sangre, que se convirtió en rubí, y que entregó a Sorane para que lo guardara en el zurrón que habría de llevar hasta el reino de las crisálidas...


viernes, 12 de diciembre de 2008

Sorane en el reino de las crisálidas (I)

Sorane caminaba en el río, el agua por los tobillos, el frío era tan intenso que si el pez diablo que habitaba aquel arroyo la mordiera no sentiría sus dientes atravesar la piel. Disfrutaba con el chasquido de los pies al romper la quietud del espejo plateado que guardaba imágenes tan diferentes. Los largos cabellos envolvían el cuerpecillo de nácar, el viento los quería para sí y la hacía zozobrar.

La tristeza en el bolsillo, en la cajita de madera. Se dirigía al reino de las crisálidas, donde habría de entregársela a la reina oscura para que rompiera el maleficio. Este se perpetuaba en el tiempo, nadie alcanzaba a recordar cuando ocurrió aquella desgracia, al atardecer de un extraño día naranja en que el sol se escondió por unos instantes tras una profunda máscara negra. En que las aves perdieron el rumbo, las mareas se detuvieron y sólo los cíclopes entendían aquellos extraños sucesos.

Irguiéndose desde el fondo del océano, el gigante de barro hizo temblar el mundo cuando caminaba en busca de la heredera del arrecife blanco, la sirena silenciosa de labios de coral y mirada perdida. Soñaba con viajar al país de los humanos, pasear por los bosques y conocer a las criaturas que los poblaban.
Cuando el coloso la encontró, sentada sobre una roca, cantando a las gaviotas en aquel idioma extraño, le entregó una caja de ébano, con una lágrima de lapislázuli incrustada en la superficie. Y le habló así: “Querida niña, ha llegado el momento de entregarte la llave del destino que tanto has llamado. Ahora no será un sueño, y no podrás cerrar los ojos pensando en volver a la paz del mar. Cuando la llave gire en la cerradura, algo cambiará para siempre, la tristeza quedará liberada de su cautiverio y la servirás por el resto de tus días a cambio de que tu deseo se vea cumplido. Podrás vivir entre los humanos como uno de ellos, pero tu corazón llorará hasta el final de los tiempos, pues como castigo a tu desprecio por el designio de los dioses, habrás de vagar en el mundo de los hombres eternamente, añadiendo al tuyo el sufrimiento de tantas vidas que se crucen en tu camino. Sólo en el día 7 del año 999 de la era de vulcano habrá una oportunidad para cambiar el curso del destino, cuando el sol se oculte de nuevo, cuando las aves vuelvan a perderse y las mareas se detengan otra vez. Y la sirena tomó la llave, la introdujo en la cerradura de bronce y la giró, liberando una tristeza a la que habría de custodiar sin tregua, en el devenir que se iniciaba tras este ritual...




martes, 2 de diciembre de 2008

El sabor de la sal

La sal se pegaba en su delicada piel al evaporarse las lágrimas. Su rostro de alabastro se tensaba entonces, huyendo de la muerte. La lengua tanteaba el espacio alrededor de unos labios fríos y tersos como una ciruela madura, buscando ese gusto salobre que la devolvía al mar. Pesaba tanto la tristeza… Ni siquiera el cielo era capaz de asomarse, envuelto en una náusea blanca. También su estómago sintió la sal, se revolvió, quiso huir, pero ¿de qué?

Aquella cabeza aplastada bajo las ruedas de un mal sueño hirió su memoria de ninfa ajena al tiempo; sólo le quedaba desaparecer… Quizás en un coche, precipitándose a ninguna parte, deprisa, deprisa, más deprisa… La noche era un gran vientre donde perderse, como un océano que la esperaba con los brazos abiertos. Un anhelo cuyas raíces se remontaban a tiempos olvidados de los hombres, crecía en su interior como un monstruo de Miyazaki, devorándolo todo. No, no era malo, nada es lo que parece. Era solo una gran sombra insatisfecha, a la que había que cuidar, mimar, pues era el hilo de oro si no se desbordaba, el gran maestro, la fuente de la que siempre manaba sabiduría.

Mariposas blancas levantaron los hilos para elevarla sobre su destino. Su cuerpo ya no era su cuerpo, había olvidado su camino. Las rosas rojas del jardín se cerraron sobre sí mismas desafiando a lo previsible, y clavaron sus espinas al viento, que derramaba su gemido como se esparce la lluvia sobre el suelo.

El intenso brillo de sus ojos lo había robado años atrás un duende, triste y taciturno, para calentar su hogar. Y sin la luz vagó sobre la faz de la tierra buscando en el rocío de las flores, en la miel de los besos fugaces, en las danzas alrededor del fuego, incluso intentó alcanzar una estrella… ‘Pero niña’-le decía el gran sapo de la ciénaga de estaño- ‘no es ahí donde la hallarás, sino en el silencio oscuro. Allí se oculta la verdad esquiva que el duende que no se atreve a ser mago te niega y se niega. En el rincón más profundo de su cueva él se encoge, intentando retenerla en su seno, alimentándose a medias con esa exigua llamita a punto de extinguirse. Entonces será tarde, una capa de hielo lo cubrirá todo, helará nuestros corazones, pintará los abetos y la nieve de azul, y borrará el arco iris que aún hoy asoma tímido en el horizonte’.


martes, 25 de noviembre de 2008

A la luz de Teosofía

de Rudolf Steiner
La lectura de la Teosofía de Steiner ha supuesto un importante punto de inflexión, una parada en el camino. Ha coincidido con relevantes acontecimientos en mi vida, como la muerte de mi amiga Pilar, con sólo 34 años. Aquí quedan sus 2 pequeños, atrás la terrible enfermedad. He de reconocer que no tuve valor de ir a verla esos últimos días, fue del todo imposible vencer el pavor que paralizaba mis miembros, el temor de enfrentarme a lo que podía ser un espejo de mi propio destino.


Mientras el dolor y el miedo amenazaban con arrastrarme a las tinieblas, mi pensamiento luchaba por ponerme a flote, buscando entre las páginas de Steiner una balsa hacia la esperanza. Entonces traté de imaginar cuál podría ser el camino que ella estaba recorriendo como parte de este largo viaje. Y entendí su serenidad, su incomprensible equilibrio en los últimos días de estancia en la Tierra; y me alegró mucho comprender que era porque su espíritu estaba preparado para elevarse, y su alma había iniciado la limpieza de lo material, como en el proceso alquímico en el que la sustancia bruta se va desprendiendo de lo innecesario en su paulatina conversión en oro. Mi sufrida alma encuentra un consuelo, la muerte ya no se presenta como negra y vacía, sino como un puente hacia la superación.

En medio de este huracán emocional, luchando entre las olas de un negro y devastador océano, aferrada a mi pequeña balsa de esperanza, consigo seguir caminando.

El último eclipse de luna había ejercido un poderoso efecto sobre mí, rescatando antiguos temores que aún no habían sido superados. Supuso una oportunidad para la reconciliación con el pasado, y para recuperarlo en forma de conocimiento a aplicar en el presente.

En aquellos días, una información inesperada llegó a mis manos: Steiner murió de cáncer. Es un golpe difícil de asimilar, no entiendo nada y nada de esto tiene sentido. De repente, todo se esfuma, se desvanece en el tiempo… Cómo es posible… Porqué se entregó a la muerte de forma prematura… Porqué la ciencia espiritual no le llevó por otro sendero… Me encuentro en medio del laberinto, con el Minotauro acechando en cada esquina. Un enorme vacío me devora, y ni siquiera soy capaz de escribir un pequeño comentario acerca del libro, y mucho menos de embarcarme en otra lectura antroposófica. Me planteo incluso abandonar la formación. La enfermedad vuelve a morderme, quizá para hacerme consciente de que estoy viva. De ello hace poco más de un mes, un mes de olvido y convalecencia. Olvido necesario para saber qué queda realmente.


El otro día, rebuscando entre mis libros, encuentro los “ejercicios preliminares”, y una fuerte intuición me dice que su utilidad está por encima incluso de su creador, y me propongo ejercitarme en ellos, y la esperanza vuelve con fuerzas renovadas. De nuevo me aferro al hilo de oro y salgo del caos. De nuevo me reconcilio con la lectura, aunque sea de un libro leído al menos en dos ocasiones, pero seguro me sorprenderá una vez más: ‘Cómo curar cuerpo, alma y espíritu’, que presenta una clara exposición de la concepción del ser humano tripartito como base de la medicina antroposófica , y cuyo título supone un bálsamo en sí mismo.


lunes, 24 de noviembre de 2008

Aviso para navegantes sin timón, sin riendas en su vida

Por Carmucha
--Mi querida Carmucha escribió este texto como comentario a un post reciente. Me pareció tan bonita la historia que la traigo aquí para que la disfrutéis. Gracias, amiga--

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizá donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta... En un reino mágico donde las cosas no tangibles se vuelven concretas... Había una vez...un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura, donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente... Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia. Las dos se quitaron sus vestimentas y, desnudas las dos, entraron al estanque. La furia, apurada (como siempre está la furia), nerviosa -sin saber por qué- se bañó rápidamente y, más rápidamente aún, salió del agua... Pero la furia es ciega o, por lo menos, no distingue claramente la realidad; así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró. Y sucedió que esa ropa no era la suya sino la de la tristeza. Y, así vestida de tristeza, la furia se fue. Muy calma y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y, sin ninguna prisa (o, mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si ha algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia. Cuentan que, desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada; pero si nos damos tiempo de mirar bien, encontraremos que esta furia que vemos es sólo un disfraz y que, detrás del disfraz de la furia, en realidad, está escondida la tristeza.

Elena, veo mucha tristeza disfrada de furia. Lástima que no esté dispuesto a ser consciente.



jueves, 20 de noviembre de 2008

El beso de la sirena

de Andrea Camilleri

No todas las historias de sirenas acaban mal. Es esta una bella fábula que se mueve en una realidad mágica, y que intenta transmitir el mensaje de que sólo el amor puede lograr lo supuestamente imposible. Maruzza y Gnazio, el mar y la tierra, lo aparentemente irreconciliable, construyen la historia de su vida siendo ellos mismos, sin más.
Reminiscencias de la mitología griega se mezclan con la cotidianeidad de la gente sencilla. Anhelos espirituales y deseos mundanos, todo va a parar al mismo lugar. Y como dice el autor, "a veces hay que cerrar los ojos para ver las cosas encantadas, aquellas que normalmente, con los ojos abiertos, no se pueden ver".

Un soplo de esperanza para los que duden que la felicidad es posible. Que la disfrutéis.

Sinopsis
rase una vez, en una tierra junto al mar, una bellísima mujer llamada Maruzza Musumeci. Se decían muchas cosas de Maruzza, rumores a voces que quizás explicasen por qué a pesar de su belleza no había encontrado aún con quién casarse. Maruzza hablaba en griego con su abuela; no era una muchacha como las demás; parecía el personaje de una fábula; transmitía con sus ojos y su voz la perturbadora sabiduría que traen y llevan los siglos. Maruzza era una sirena.
Pero la historia comienza en realidad con Gnazio, que emigró a América y volvió a Vigàta tras veinticinco años de ausencia. En Nueva York trabajó como jardinero y, tras una caída desgraciada, decidió regresar a su Sicilia natal y comprar un trozo de tierra con un olivo milenario del que se había enamorado. Sólo le faltaba una mujer.
Maruzza y Gnazio, la tierra y el mar, no vivieron una historia de amor imposible... como tantas otras. Primero fue la boda, después la familia y, año tras año, el milagro de conjurar lo que parecía contrario, para tantos irreconciliable.Andrea Camilleri, el aclamado creador del comisario Montalbano, abandona el género negro para crear una obra que une magia y realidad y que rescata el mito de Ulises y el cuento de Andersen. Una historia plenamente contemporánea, que nos habla de cómo vivir con lo que nos resulta extraño, ajeno y contrario.'


miércoles, 19 de noviembre de 2008

Los sabios de piedra

Hoy soy yo quien va en busca de la montaña. Tiene respuestas que yo no recuerdo, el ruido que a veces me envuelve me impide escuchar a mi Baba Yagá. La intuición se oculta tras las rocas, está allá arriba, tan alta como aquel buitre leonado que me saluda con su danza de viento.

Me gusta oír el crujido de la arena bajo mis pies, en el camino hacia arriba. La agitada respiración me recuerda lo duro que resulta el ascenso...

Un alto en el camino, en busca del difícil silencio. Muchos seres pasaron por aquí, y dejaron su huella en las rocas, que me observan desde la grada. Un gigante de granito reflexiona eternamente, quizás Rodin estuviera aquí, o quizás Camille Claudel, sentada en esta misma piedra, con esta misma mirada, con la misma pregunta, el mismo sol sobre sus cabellos... Cabezas parlantes susurran al que escuche atento, desvelándole secretos de su henchida memoria.

El olor a jara se mezlca con el de romero y cantueso, el Sol colorea mis mejillas. Un simpático frailecillo comparte mi descanso y mi comida. Y sigo caminando, siempre hacia delante. Y el paisaje es cada vez más rico, la panorámica más sobrecogedora, las figuras de las rocas más elaboradas, las formas más sugerentes, la soledad más enriquecedora. Los sentidos embriagados, un potente aroma a hongos me empuja hacia la tierra, me frenan las doradas agujas que la cubren.

Amables pinos extienden sus ramas en un abrazo de bienvenida. Me traslado a aquellos bosques de mi infancia, en pugna con las albas dunas, caprichosas y frágiles, de Punta Umbría. Donde nos perdíamos para encontrar nuestra naturaleza salvaje, y recolectar plantas, y observar a sus pequeños habitantes... junto a la interminable playa de arena blanca, suave y envolvente, en cuyo mar se sumergía la pequeña Diana, dispuesta a cazar toda clase de moluscos... Historias de morenas voraces, de feroces pulpos que engullían a los marinos incautos; de la traicionera marea capaz de arrastrarnos a las profundidades bajo su apariencia sosegada; de peces venenosos que ocultan sus espinas bajo el fondo silencioso; tiburones gigantes que vienen por la noche a devorar al que ose traspasar sus dominios... Todo ello convertía al mar en el lugar más fascinante que pudiera existir, y sumirse en él, la aventura más seductora.


jueves, 13 de noviembre de 2008

Imposible dormir...

La luna entró anoche por la ventana y se posó en mi almohada. Era tan intensa la luz que apenas podía cerrar los ojos ¿Es que el Sol hoy no puede dormir? pensé. Pero no, era la gran dama blanca presidiendo la noche, guiando nuestro sueño. Miraba hacia arriba y estaba allí, sobre mi cabeza, desafiando a la oscuridad. Sentí frío y me encogí bajo el edredón de plumas, ahora transparente. Imposible dormir...

“Nous ne voulons pas d'un monde où la certitude de ne pas mourir de faim s'échange contre le risque de mourir d'ennui. L'ennui est contre-révolutionnaire. Oubliez tout ce que vous avez appris. Commencez par rêver. Soyez réalistes, demandez l'impossible."

Graffitis Parisienses - REVOLUCIÓN DE MAYO 1968