jueves, 26 de agosto de 2010

Cuando el sol se bañó en el mar

Dios pintó el mar cobalto, bermellón y dorado para regalarles la despedida más hermosa. Juntos, fundidos en un abrazo invisible, sus voces se elevan al cielo en un solo canto. Los niños más felices regresan del olvido, grabando sobre la arena una nueva memoria que ha de permanecer ajena al tiempo.
Un disco rojo, como un corazón gigante que sigue el ritmo de sus latidos, tiembla sobre el horizonte azul, derramando lágrimas de oro que se posan en su piel mientras desaparece para dejar paso a la noche. Noche incierta que invita a un nuevo sueño, que promete arroparlos con su aliento y mantener viva esa llama que se encendiera días atrás. Para no apagarse nunca.

Sorane los sentía a todos, y a cada uno vibrar dentro de sí. Los percibía en su esencia más profunda, sin dejar de ser ella. entrañables momentos, salpicados de un Ribeiro que desataba aún más sonrisas y confidencias. El tiempo pasaba en una noche para ellos eterna. Los ojos de Angie repartían la sabiduría de siglos, que un día se enredó en sus cabellos trenzados, entre hilos de plata y ébano. Sara era la sonrisa, la bondad más cálida, la amistad entrañable en la que refugiarse cuando la soledad embiste. Ella sabe, más de lo que imagina,  y pizpireta, danza a la luna con alegría y confianza.

Su querida Andrea se aferraba con fuerza a la tierra al compás de Chavela. De su brazo y del de Mário, Sorane se dejó mecer entre cantos y risas, caminando con paso firme sobre la orilla que les conducía hacia delante, hacia un mañana de más luz. Pero mientras tanto, disfrutaban del camino.
Suzane, Amália, Flávia... estrellas lusas que prendieron en su alma como alfileres de luz. El fado que resuena allá al fondo, cuando cerraba los ojos, cuando recuperaba el silencio... ahora tenía nombre.
Habían vivido un nuevo nivel de conciencia, todos lo habían experimentado. Habría un antes y un después de aquella puesta de sol, de aquel encuentro junto al mar de Galicia. Un trozo de sus corazones permanecería allí, bajo la arena, donde el Sol y la Luna lo mecerán cada día.
Y allí, frente a la inmensidad del Atlántico, sentada sobre el manto dorado que se extiende a sus pies al caer el Sol, hay un momento, un instante precioso en que cesa el rumor de las olas, y el viento acalla su murmullo. Y como una caricia, aquel canto se posa de nuevo en su alma...

miércoles, 25 de agosto de 2010

El mar y tú

Una preciosidad...
O mare e tu - Dulce Pontes e Andrea Bocelli - Subtitulado opcional en español

martes, 24 de agosto de 2010

El sueño de una noche de verano (II)

Quedan mil años para que salga el Sol. Tras el concierto, Sara y Mar recorren la noche como funámbulas sobre un hilo de papel. Carlos, barquero del lado oscuro, noctámbulo maestro, las conduce sobre ríos de alcohol a lugares inciertos. Sara no se dejará llevar, sabe hacia dónde quiere ir y hacia dónde no. Pero Mar se confunde y se deja arrastrar, la conciencia amordazada... El tiempo transcurre despacio para Sara, que se sienta junto a la barra y permanece inmóvil largas horas, los codos en la enorme plancha de pino barnizado, la cabeza sobre las manos, esperando pacientemente que su amiga vuelva a ocupar su cuerpo. Observa cada rostro del local, cientos de ellos que se mueven como fantasmas entre cortinas de humo. Miradas que no van a ninguna parte, que sonríen estúpidamente... Almas que parecen bloqueadas, empequeñecidas, condenadas por sí mismas a un purgatorio sin salida. Jóvenes o viejos, hombres o mujeres, todos navegan en el mismo barco sin rumbo. No quiere ser uno de ellos, no es uno de ellos. Mar tampoco lo es, pero lleva demasiado tiempo allí y no le resulta fácil salir.

Mientras combate el aburrimiento y la ausencia de su amiga, Sara recuerda su primera cita con aquél amor, en el mismo sórdido local que entonces resultara tan diferente. Él pronto encontró un nuevo "amor de su vida" al terminar su relación con Sara... ¿Cómo pudo pensar que con ella la historia sería diferente? Nunca volvería a dejarse atrapar por las garras de ese falso yo de las emociones que la arrastró a la mentira que ella misma construyó.

El recuerdo de su sonrisa, el inmenso abrazo que duraría siempre, la mirada que la acariciaba por dentro, los viajes imposibles a tierras lejanas, las aventuras nunca compartidas... Ahora quedaban reducidos al sueño de una noche de verano. Se debatía entre quedarse anclada a aquello, al pasado, a la muerte, a lo imposible, y ser uno más de aquellos seres perdidos que caminan en la niebla... o asumir la realidad, mucho más inhóspita, fría y hostil; pero desde donde poder construir un destino más auténtico.

La tensión es extrema. El deseo de verle es tan intenso que la ciega. A punto de enviar un sms invitándole a venir, el duende verde la hace recapacitar de nuevo, ha de soportar el dolor, la soledad, como única vía para llegar adonde quiere llegar, hacia el fondo de sí misma.
El nuevo Sol empieza a anunciar su llegada, Mar despierta del letargo y las amigas se van a dormir. Como niña que sabe que ha hecho algo que no debía hacer, Mar se lamenta, se culpabiliza, se disculpa ante Sara por su actitud durante la noche. Sara se limita a observar sin juzgar, ni la acusa ni la redime. El día lamerá las heridas y empequeñecerá las sombras. El camino se hará más nítido y los pies seguirán su periplo hacia el próximo destino, siempre hacia mañana.

viernes, 30 de julio de 2010

El sueño de una noche de verano (I)

Sábado noche. The Art Pop Trío tocan en el Sorcas. Henar les acompaña con la percusión y Sara va a encargarse de las fotos. Así que desempolva la cámara tanto tiempo condenada al olvido, como tantas cosas que pacientemente esperan ser rescatadas. Quiere compartir esos momentos felices con su amiga, apoyarla en lo que sabe es un punto de inflexión en su vida. Henar está tan ilusionada... Su rostro brilla y el vestido blanco refleja la luz que rebosa su interior.
Llegar al pueblo la estremecía, a pesar de que casi a diario pasaba por allí. El recuerdo le mordía el estómago, y la temida náusea se apoderaba de su cuerpo. Caminar aquellas calles de granito suavizadas por la luz ambarina de las farolas, que tantas veces recorriera de su mano, la aturdía y volvía a sentirse como un cascarón de nuez navegando a merced de las olas. Disfrutaría del concierto, y seguiría sonriendo al destino que había decidido construir. La lucha era feroz, pero saldría victoriosa. La armadura sobre su piel y la lanza de hierro en su sangre transformarían al dragón en un ruiseñor que canta al amanecer.
Sara estaba radiante con su vestidito de lunares blancos sobre fondo negro y sus sandalias de charol y tacón de vértigo,como si el mismo cielo la arropara con su tela de estrellas. De nuevo se hallaba bajo la protección de Marte, y el brillo de sus ojos, que apagara la lluvia de abril, volvía intensificado. También las mejillas recuperaban su aspecto de melocotón irisado, y la sangre parecía derramarse de sus labios plenos. Mar la acompañaba, cual malva crisálida que volvía del abismo al que se entregara poco antes. La luna de julio auguraba una noche entrañable, donde el piano y el cello envolverían las almas adormecidas por el axfisiante calor. El entusiasmo de Henar por sus proyectos incipientes era contagioso, Sara se aferraba a ese momento y compartía la alegría con su amiga. Cantaría boleros en un futuro cercano con Jorge, el simpático pianista del grupo. Bromeaban con imaginarias puestas en escena, con vestidos glamourosos y ambientes de película de los años 40. A Sara le gustaba la idea, iba a tomarse más en serio lo del piano, y el año que viene quizá podrían formar su propia banda.
Más caras conocidas de lo que esperaba encontrar. Algunas le provocaban sonrisa y le recordaban momentos felices compartidos con él, otras la devolvían a la realidad más sórdida que vivió en aquella relación. El destino la enfrentaba a sus miedos, pero le presentaba herramientas que no estaba dispuesta a desperdiciar. Se moría de ganas por llamarle, por verle. Pero el duende verde que vigilaba la conciencia, le susurraba al oído: "...No quiero saber nada de tu vida, no me interesa en absoluto... No quiero construir nada contigo...", frases que él le escupiera como dardos envenenados, y que Sara todavía no había conseguido borrar.
Los focos y la música la devolvían al presente. Canciones de los Beatles magistralmente interpretadas. Poca audiencia para un sábado por la tarde, entrada gratuita...y excelentes músicos. El flash arranca una imagen para el recuerdo. Las congas de Henar repiquetean como lluvia en el cristal, aligerando sonidos más pesados... Las semillas traídas de Cuba salpican la sala de color y canela... En el escenario se siente arropada por la cálida mirada de Sara, que vela por ella desde la sombra. Los focos se apagan y se enciende la luna. Los músicos se van, pero Sara y Mar continúan su recorrido a lomos de la noche...

martes, 6 de julio de 2010

Iggy Pop y la chica de fuego

Le gustaba viajar sola en coche. Perseguir al Sol y alcanzar la noche al mismo tiempo que él. El Ford Focus que alquiló volaba sobre la autopista con sólo rozar el acelerador. A 160 km/h, la música apenas cabía allí dentro, el cálido horizonte invitaba a abrazarlo, y el cielo arropaba la soledad con un manto de estrellas.
Sara disfrutaba de cada instante, de cada parada en el camino, de cada café robado al tiempo. Creía que a toda velocidad escaparía de su destino, pero no hacía sino precipitarse hacia él.
Tim hacía el Camino de Santiago. Necesitaba estar consigo mismo, y para ello tenía que desprenderse del intenso halo de Sara. Nunca había sentido nada parecido, le asustaba el poder que la mujer ejercía sobre él, y necesitaba reflexionar antes de tomar una decisión.
Sara llegó a Lugo bien entrada la noche. Sus amigos la esperaban pletóricos, hacía tanto tiempo... Tras una generosa cena (estaba en Galicia!) empieza la vida nocturna. Olas de pop, humo y alcohol sobre las que mantener el equilibrio. Simpáticas charlas con algún amigo del Frente Galego arreglaron el mundo en unas horas.
También ella huía de la ausencia, de la distancia que la separaba de él. Sentirle a menos de 100 km la reconfortaba. Entonces ocurrió. Se hizo el silencio. Todo desapareció tras la cortina blanquecina que envolvía el local, para dar paso a aquella gutural voz, aquella melodía profunda que surgía de su propia alma. Hipnotizada por Iggy Pop, salió a refugiarse bajo el brillo tintineante de la noche. Se sentó en el frío escalón de piedra que penetraba en la sombra, y le sintió. El teléfono sonó: "He llegado a Santiago. Estoy en la playa. El manto azabache del mar exhibe una luna deslumbrante, te la quiero regalar. Ven conmigo, a dormir sobre este lecho de arena blanca, arropados por la brisa del mar. Despertaremos juntos con el nuevo día, con el canto de las gaviotas y la espuma jugando con nuestros pies..."
Nada deseaba más que reunirse con él. Y en el mar... que era su casa. Una prueba demasiado difícil. Pero era imposible, el lunes tenía que estar en la oficina, no podía arriesgarse a perder su empleo en estos difíciles momentos.
-"Diles que estás enferma"
-"No puedo hacer eso, me sentiría muy incómoda. Tendremos muchos otros momentos que compartir"
-"Te necesito ahora, no puedes hacerme esto"
-"Lo siento, amor, debes entender lo delicado de mi situación"
-"No, no lo entiendo"
Y su voz se desvaneció en la oscuridad. Y ella quedó sumida en una espesa desolación, el corazón amoratado y los ojos anegados en lágrimas.
Terminó el fin de semana con sus entrañables amigos. Los paseos entre aquellos nobles castaños la reconfortaban, y parecían devolverle el eco de su lamento entre el rumor de las ramas. Los seres elementales la sonreían tras cada roca, cada arbusto; sus miradas centelleaban mientras corrían felices por aquellos parajes de magia y ensueño. Y de nuevo emprendió viaje. Allí seguía el asfalto, con las huellas de caucho caliente grabadas sobre la piel de azogue. Y a volar hacia la rutina. Mañana, reunión con el director para ultimar las bases de la nueva campaña.
Y esperó junto al teléfono un día, y otro, y otro... con la esperanza de que él hubiese entendido. Pero no fue así. Desapareció de su vida como si nunca hubiera existido. No volvió a verle en los locales de siempre, la tierra parecía haberlo engullido. Sara siguió caminando, quizás en otro momento sus pasos volverían a encontrarse.
Esos profundos ojos verdes quedaron grabados en el fondo de su alma para siempre. No volvería a ver una mirada tan bella, la misma que años atrás la hipnotizara cuando, una tarde de otoño, él detuvo el coche en medio de la calzada para contemplarla, sonriente y pizpireta, pasear por las calles de su pequeña ciudad. Entonces ella permaneció inmóvil, en silencio, sus ojos clavados en los de él, sabiendo que un vínculo profundo les unía desde mil años atrás aunque aún no hubiese existido. Sabiendo que sus destinos se cruzarían irremediablemente sin importar el espacio ni el tiempo.

lunes, 14 de junio de 2010

Lhasa: el vuelo del último ángel

Querida Lhasa, cuantas lágrimas he derramado por tu partida. Tendré que llenar la irreparable ausencia con el esplendor de tu maravillosa música.  La luz que irradiabas prende ahora del cielo, salpicando de alegría la noche oscura. Estúpido llanto, no acabo de entender. Tú misma contabas cómo tu padre te explicaba que nacimiento y muerte, principio y fin, no son sino partes de un mismo círculo. Lo sé, pero es doloroso renunciar a la presencia de un ángel cuyas alas acariciaban nuestras almas desde la aparente distancia. Tenías sólo 37 años.  Y una dulzura exquisita en cada gesto, que bailaba con la poderosa voz de una presencia que trascendía lo humano. Amor verdadero transmitido en cada acorde, en cada palabra derramada al viento, en cada verso declamado antes de los conciertos... Amor en esa belleza extraordinaria y transparente, amor en tu perenne sonrisa... Y sensibilidad extrema que casi dolía al percibirla.

Te arropaste con el manto negro de la medianoche, el pasado 1 de enero. Se fue la bella y sensible, la dulce Lhasa. Más cerca del cielo que de la tierra, te rebelaste ante la tiranía del cuerpo y volaste libre. Sé feliz estés donde estés, gracias por haber sido, y por habernos dejado tu música para siempre.




jueves, 10 de junio de 2010

La Nueva Psicología del amor

M. Scott Peck, 1978 • Título original: The Road Less Traveled - A New Psvchology of Love, Traditional Values and Spiritual Growth

El prestigioso psiquiatra americano Scott Peck nos habla del difícil camino de la vida, que pasa por la aceptación del sufrimiento (como Jung, considera que la neurosis es siempre la sustitución de un sufrimiento legítimo). Para ello, nos propone cuatro técnicas de disciplina que ilustra con numerosos casos clínicos: retrasar la satisfacción, aceptar la responsabilidad, consagrarse a la verdad, y encontrar el equilibrio.

Más adelante aborda el tema del amor, que no hay que confundir con dependencia, enamoramiento y otras máscaras que tratan de emularlo. Para que una relación de pareja prospere, el enamoramiento inicial ha de abrir paso al amor verdadero, y si sobrevive a la ruptura aparente cuando aquel se tambalea, habrá sentado las bases de una relación sólida en la que el crecimiento de dos individualidades es posible aún manteniendo un camino común. Sólo anteponiendo la identidad del otro a nuestros conflictos sin resolver, sólo desde la sinceridad de reconocer frustraciones que proyectamos en los demás, sólo desde un amor profundo y auténtico que por encima de todo desea el crecimiento personal y la evolución espiritual de la pareja, será posible construir un vínculo rico y duradero.

¿Cómo es posible que pacientes que deberían padecer una grave neurosis sólo acusen una neurosis leve a pesar de dramáticos acontecimientos vividos? ¿O que otros que deberían ser psicóticos se queden sin embargo en una neurosis?¿Y al contrario? Lo imposible no existe, los milagros ocurren a cada momento, y el razonamiento y la ciencia resultan insuficientes para explicar estos hechos, a los que se suman curaciones físicas de todo tipo, muchas veces atribuidas por los médicos a errores de diagnóstico. La Religión,  más allá de cualquier doctrina, sino como planteamiento vital (re-ligare: lo que nos une de nuevo, con el Cosmos, con una Realidad más allá de lo aparente) que nos hace crecer y superarnos, es un término ineludible para entender cada uno de los casos analizados por Scott Peck. En un permanente diálogo entre egoísmo y generosidad, por amor a nosotros mismos buscamos ser mejores; por amor a los demás buscamos el crecimiento espiritual del otro, y así progresan nuestras relaciones; por amor al mundo nos fundimos con éste, y lejos de disolverse, el Yo se reafirma y fluye sanamente transmitiendo a todo nuestro ser esta salud en forma de milagro.

El amor como camino, como modo de vida, el único posible para Ser de verdad.

Este libro ha permanecido durante muchos años en la lista de best-sellers del New York Times, deviniendo un clásico de nuestro tiempo. Para el National Catholic Reporter "Esta discusión sobre el amor es la más original desde Erich Fromm."



In the mood for love - Yumeji's theme

miércoles, 2 de junio de 2010

Un nuevo camino

Para A.M.A.

A tí... que un día pusiste tu energía en mí creyendo que era amor,
Yo, hoy, dándote las gracias por todo lo aprendido, te la devuelvo,
para que pudiéndote sentir de nuevo unido,
continúes 'entero' tu camino.

Yo, que un día puse mi energía en tí creyendo que era amor,
queriéndome y cuidándome, de nuevo la retomo,
para que así, pudiéndome sentir enteramente 'unida',
continúe con serenidad y alegría mi propio camino.

jueves, 27 de mayo de 2010

Maus: Retrato de un superviviente

Art Spiegelman
Art sueña con vivir en América. Y el icono que mejor la personaliza es Mickey Mouse. Maus es el protagonista de esta historia, el máximo exponente de la capacidad de superación del ser humano a pesar de las circunstancias más adversas. Un ser pequeño y frágil que esgrimiendo una férrea voluntad es capaz de vencer a enemigos feroces como el miedo, el odio, el olvido o la lástima; o a algunas de sus consecuencias como el hambre, la enfermedad, la crueldad o la sed de venganza...

En un relato sin precedentes, una obra maestra del cómic y de la literatura sin más, Art Spiegelman pone en boca de su padre la conmovedora historia de su familia, judíos polacos en la Segunda Guerra Mundial. A través de una narración exhaustiva y original, salpicada de recursos inesperados, nos relata los avatares por los que han de pasar sus padres y muchos otros parientes, repudiados por sus propios compatriotas, trasladados de un campo de concentración a otro padeciendo las torturas más abominables e inhumanas... Y precisamente por su condición de seres humanos, son capaces de superarlas, aunque muchos mueran en el intento. Ratones humanos en trampas sin salida, donde apenas hay espacio para la esperanza, donde lo único que no pueden arrebatarles es el amor. El amor es el hilo dorado al que se aferra nuestro héroe, el único capaz de catalizar el perdón no explícito que se manifiesta en muchos gestos inconscientes, el único capaz de mantener intacta la más regia dignidad. El cuerpo magullado, arrebatado todo lo tangible... Pero algo mucho más grande se eleva y eleva al protagonista sobre su mismo entendimiento.

Todos somos Maus, todos somos Hitler, aunque mis dedos tiemblen al escribirlo. Mucho queda por reflexionar acerca de este negro episodio de nuestra reciente historia. Las fuerzas en una dirección o en otra seguirán ahí. Sólo nosotros sabremos orientar nuestros pasos o no a través de la niebla, somos libres para hacerlo.

viernes, 23 de abril de 2010

Barceló y Monet, de la oscuridad a la luz

O la crónica de una muerte anunciada
El cielo derramándose sobre mis cabellos refleja el ánimo ceniciento de los corazones vespertinos. Los pies me conducen a paso firme sobre las aceras grises, esquivando encontronazos con peatones sin rostro. La vista se pierde entre tanto ir y venir de vehículos sin rumbo, sirenas que aúllan a nadie y arrollan el silencio, policías que indican trayectos alternativos como marionetas de lo absurdo...
Nunca me gustó ver más de una exposición el mismo día. Pero esta vez las cosas surgieron así, transformándose en una experiencia purificadora, transformadora. Una experiencia única e inolvidable.

Mi objetivo se encuentra tras aquella callada esquina, tan cerca del bar de Maite. Necesito terminar de sumergirme en la materia, rendirme a este dolor que lacera mi interior, apagar la última resistencia. Aquí será posible. Retrospectiva de Barceló. Viaje a las profundidades del abismo. Toma de contacto con lo más crudo de la realidad. Hundir los pies en el fango, sumergirse en el lado más oscuro de la existencia. Una sensación de asfixia me oprime el pecho, la dejo simplemente estar. Forma parte del proceso. Angustia, soledad, aprisionamiento en una viscosa tierra negra. El germen que traía en el bolsillo se despliega en toda su amplitud: lo dejo ser. Lo vivo, lo comprendo... antes de dejarlo a un lado.

La etapa sahariana anuncia una nueva perspectiva: el viento se abre paso, empieza a mover la materia. La luz se asoma. Comienzo a respirar, mi cuerpo se hace algo más liviano, el blanco arrastra el desasosiego. Busco en las acuarelas atisbos de un color más limpio, que no acabo de encontrar.

En este momento en que mi vida se derrumba como una fila de naipes, para dejar paso a una nueva existencia, en el que aún siendo más consciente de la fuerza de lo que permanece, experimento el dolor de la pérdida, de la ausencia, de lo que ha de quedar atrás, de lo que he de dejar pasar sin miedo a perderme, de aquello que me retiene en el lugar equivocado, embriagada por los falsos cantos de sirenas que confunden a mi conciencia... El dolor que me provoca el desgarro de una verdad que me negué a mirar de frente, el miedo al abandono, a la soledad... El miedo, siempre el dragón del miedo que habré de atravesar con el haz de luz que me regale la crisálida.


Por eso tenía que pasar por aquí. No me detengo, no disfruto, pero tampoco juzgo ni huyo sin más. Simplemente, lo vivo. Estos cuadros densos y viscosos me ayudan a entender de dónde quiero salir. Acongojada, aturdida y decepcionada por los gestos equívocos, las miradas esquivas y las palabras mentirosas que me acompañaron estos días atrás, me dirijo de nuevo a la calle mojada. Ni el aire fresco en mi cara, ni la intensa luz que escudriña mis ojos entornados, consiguen acallar el grito que late en mi garganta. Paso firme y consciente. Llego a tiempo para la última entrada en el Thyssen: Monet y la Abstracción. Todo mi cuerpo respira al entrar. El intenso azul que sirve de telón de fondo al reluciente naranja del sol, en aquél atardecer en un mar de Monet, saluda mi llegada y la crispación desaparece, el nudo se desvanece. Qué manera tan curiosa y potente de percibir cualidades tan dispares a través de la contemplación de las obras de arte. Nunca antes me había llegado tanto el efecto terapéutico de la pintura, o el anti-terapéutico. Esta lluviosa tarde de primavera ha sido el escenario de una puesta en escena completa, de una interiorización de lo que ya sabía, pero que no había experimentado en toda su amplitud.

De Kooning trata de emular ese efecto luminoso en gigantescas pinturas casi monocromas, a través de la forma. Rothko consigue un efecto espectacular en sus enormes naranjas, auténtico bálsamo para el alma, podría contemplarlos durante horas, como me dejo acariciar por el sol en las cálidas tardes de verano. Inspirado por Monet, y siguiendo caminos de expresión muy diferentes, plasma en su arte una divinidad tan reconocible como luminosa. Una misma esencia, un mismo efecto sanador sobre los afortunados que pueden contemplarlo.

Pollock se queda con el gesto, con ese trazo ininterrumpido que recorre los enormes lienzos de nenúfares en los que de tanto desprenderse, el artista de París apenas encuentra espacio para la materia. De haber seguido pintando, sólo hubiese quedado el gesto, la intención, la idea, la luz...

Una cita ineludible, una nueva visión de Monet como maestro y precursor de corrientes que parecían tan lejanas. Una comprensión más abierta del arte, en que los límites se desvanecen, y nos llega en una dimensión abarcante, de continuidad, que nos ayuda a percibir lo que une y no lo que diferencia. El arte como un Todo que forma parte de un Todo aún mayor.
Y como el color sólo surge de la interacción entre luz y oscuridad, os recomiendo tanto la exposición de Barcelo en el Caixafórum como la de Monet y la abstracción. Mejor el mismo día.

Monet y la Abstracción: Museo Thyssen-Bornemisza y Fundación CajaMadrid. Hasta el 30 de mayo;
La solitude organisative: Retrospectiva de Barceló en CaixaForum Madrid. Hasta el 13 de junio.