martes, 29 de julio de 2014

La aceptación, o cruzar el puente

Hoy me sucedió algo que me ha ayudado mucho, más que a comprender, a interiorizar algo que sí, estaba en mi cabecita, a nivel intelectual, pero ahora bajó adonde realmente se resuelven las cosas. Sin saberlo, en esa frenética marcha, mis pies llevaban el recado al corazón.



Me desperté temprano, había mucho que resolver y quería aprovechar la mañana. Una ducha templada y un té caliente para terminar de abrir los ojos, antes de ir a buscar el coche, que llevaba varios días en el mismo sitio. Cuál fue mi sorpresa cuando llego al lugar donde esperaba encontrarlo y el vehículo no se encuentra allí ¡No está!¡No puede ser! Estaba bien estacionado, no ha podido llevárselo la grúa... No puedo creer que me hayan vuelto a robar el coche. Aquella sensación de años atrás vuelve a pellizcar mi estómago: Vacaciones de verano en el Mediterráneo, volvía de patinar con los niños y el coche no estaba donde lo había dejado. No apareció. Bueno, sí... un año después en Alemania.

Esta vez decidí tomarme la situación con calma: varias respiraciones profundas y una sonrisa. Al fin y al cabo ¿Qué podía ocurrir que fuese tan grave?¿No tener coche?¿Que tuviese que venir alguien a ayudarme para ir a comprar?¿Pagar una multa? No era suficiente para estropear una bonita mañana de verano. Me puse a caminar hacia la comisaría estoicamente, e intenté ocupar la mente con cosas agradables. Una vez allí, me informan que el vehículo ha sido trasladado a otro lugar con motivo de una fiesta local (los dichosos cohetes que sonaban anoche, pensaba yo). Me indican que lo localizaré en la misma avenida donde estaba aparcado, pero en otro punto que no me pueden precisar en ese momento. Bueno, pues allá voy...

El sol empieza a apretar, retomo el camino andado y vuelvo sobre mis pasos, esta vez con una mirada más atenta hacia fuera, sin perder de vista lo de dentro... Me daré prisa para que me cunda el día. Con paso firme, recorro la avenida de un extremo a otro. Por segunda vez. Y por tercera. Las sandalias empiezan a echar humo, el sudor resbala en mi frente... Me duelen los pies y empiezo a marearme. El termómetro marca 35ºC, el sol muerde y el coche no aparece. Llamo al 092: “Lo siento muchísimo, ha habido un error, el compañero le indicó una dirección errónea, la buena es esta: ...” Me quedo a cuadros. Y me armo de paciencia, muuuucha paciencia. Varias respiraciones conscientes y paso ligero para terminar con esto lo antes posible, aún puedo llegar a tiempo para comprar esas flores... Me dirijo hacia donde me acaban de indicar, por el derecho y por el revés, bordeo la manzana, las calles anexas, las rotondas 500 metros a la redonda, y antes de desfallecer, me 'arrastro' hasta la comisaría como un alma en pena. El coche tampoco está donde me indican la 2ª vez. Por mi aspecto podrían haber pensado que me había atropellado un tranvía, de no ser porque no hay ninguno en Pontevedra. No sin antes respirar profundamente, vuelvo a dirigirme al agente, y exhausta, aunque muy educadamente, le pido que me devuelvan mi coche o me lleven a donde se encuentra, que apenas le queda suela a mi sandalia y que si no quieren llevarme a urgencias por insolación no me mareen más. El hombre se da cuenta y me confirma que hubo un error por su parte, no leyó la información completa... está desolado y por fin me indica con pelos y señales el lugar exacto del estacionamiento. Despeinada, envuelta en una mezcla de sudor y dignidad, la falda torcida y los pies como botas, me despido amablemente para reemprender el camino. Total, 300 metros más o menos, no van a impedir que pierda los nervios. Paso ligero, intento caminar por la sombra, sonrisa en ristre y rumbo al coche, que ahí está, tan pancho, como si la cosa no fuera con él... Hacía mucho que no disfrutaba tanto al volante.

Y me preguntaba ¿Porqué esto?¿Qué tengo que aprender de esta experiencia? Lejos del 'Pobre de mí.. lo que me faltaba ahora...' lo ocurrido tenía que tener algún sentido. Así que observando, lo encontré:

A veces hacemos todo lo que está en nuestra mano para intentar resolver un problema. Ponemos todo de nuestra parte, nos esforzamos, buscamos y empleamos recursos, nos damos prisa, tratamos de ser positivos. Todo ello sin que decaiga el ánimo, con una sonrisa en el rostro. Lo intentamos, una y otra vez, pero el problema no se resuelve. Y pensamos '¿Qué estoy haciendo mal?' '¿Qué dije, o que no dije, para que las cosas pudieran ser de otra manera?' 'A lo mejor si hubiera hecho... o si hubiese dejado de hacer...' Y la culpa se instala como Perico por su casa.

Eso es lo que he aprendido hoy, que aún haciendo todo lo que se puede hacer, a veces las cosas no se resuelven, porque no dependen sólo de nosotros, sino que hay otros factores implicados, en este caso otras personas, varios errores que nos tocó sufrir... Y que hay que aceptar lo que viene, sin más. Con esto no quiero decir que no haya que actuar, todo lo contrario. Pero aún haciendo todo lo que creemos que debemos hacer, la situación se resolverá como el destino, las demás personas implicadas, y hasta el tiempo dispongan. Y esa aceptación es necesaria para seguir caminando, para no perder la sonrisa, y para mantener la fe en uno mismo.

Y esa aceptación nos conduce al punto donde acabó el anterior artículo: al amor incondicional, primero hacia nosotros y luego al otro, a amar lo que vemos, y no sólo lo que queremos ver. Y eso me hace recordar cuanto amo a mis hijos, a mi familia, a mis amigos, a las personas que ya no están en mi vida y a las que están entrando, a las personas que sonríen, a las que lloran, a mis alumnos, al vecino que saluda amable en la escalera y al que refunfuña... Amor y gratitud por tanto como recibo y aprendo cada día.


sábado, 26 de julio de 2014

Cuando el amor trasciende


Las personas son maravillosas. Las hay gigantes, que te arropan con su presencia arrolladora, como un manto azul estrellado en una noche de verano. Las hay que te acompañan con una mirada, y con un parpadeo te dicen que están ahí, que puedes contar con ellas...  Las hay que te inundan con una corriente de amor incondicional que alimenta tu alma magullada, que velan tu tristeza... Cada uno a su manera: con llamadas, con wasaps, con cafés a media tarde o a horas intempestivas, con miradas calladas llenas de presencia, con una sonrisa, con charlas cómplices, con silencios atentos... No importa dónde te encuentres, están ahí. Siempre estamos solos, pero nunca. En Madrid, en Pontevedra, allá donde vayas surgen por doquier.

Las hay que te ayudan de otra manera: te confrontan con tu sombra, con miedos olvidados, con aspectos tuyos que detestas, con la niña herida, con conflictos no resueltos... Y a ellos les toca mostrarte, les toca esa áspera tarea,  tan necesaria para que puedas crecer. Son como espejos que te ponen delante, en las narices, para recordarte eso que no te gusta ver, que has negado siempre, que no te atrevías a reconocer...
Y entonces tienes dos opciones: acusarles, reprenderles, culparles de tu desgracia... lamentarte eternamente, y huir, hasta toparte con alguien similar un tiempo después; o mirar en tu interior para localizar ese aspecto tuyo que tanto te desagrada y que aparece en el otro tan descarnadamente. Una vez reconocido, sólo queda trabajar sobre ello: 'El enemigo está dentro, no fuera'. Al otro no le podrás cambiar nunca, pero a ti sí ¡Maravilla! Entonces las relaciones puede prosperar, y los individuos, crecer.

Pero no en el primer supuesto, en que uno se queda anclado en el dolor, en la acusación, en el victimismo estéril. Permanecerá bloqueado allí, en un purgatorio emocional sin salida. Pues el único monstruo está en nuestro interior, fuera sólo hay espejos. Acusará una y otra vez al otro de sus males, para evitar tomar la responsabilidad sobre su vida. Su destino dependerá de con quién se tope en el camino, en cada momento. Se moverá a merced del viento, de acá para allá, tropezando una y otra vez. Sin darse cuenta de que el enemigo está dentro, pero también la capacidad y el poder para derrotarlo.

¿Eso que no me gusta es siempre reflejo de algo mío? ¿Es un aspecto que no soporto en el otro, con el que no puedo vivir, que me enerva, que me dificulta la existencia, que me envenena? Podría tratarse de algo que está en mí y no me gusta en absoluto; o quizás sea algo del otro ante lo cual no sé enfrentarme. En ambos casos, de nuevo 'el enemigo está dentro'. Si es mío, puedo resolverlo; si es del otro, puedo resolver la manera de enfrentarme a ello.

Y así, todas las personas son enriquecedoras si entendemos que vienen a enseñarnos algo. Y cuando las sentimos así, podemos amarlas, pues las aceptamos como son. En una pareja, aparecería este lado oscuro al final del enamoramiento ¿cambio de compañero cada vez para no renunciar a este estado idílico de embelesamiento y de perderme en el otro?¿O quiero madurar, crecer, ir más allá y descubrirme, y descubrir al otro para crecer como pareja y como individuos? Cuando aparecen las dificultades es el momento de decidir si evolucionar o quedarnos estancados. Y si somos capaces de ser sinceros con nosotros, estaremos dando el primer paso para aceptar nuestras limitaciones, y así estar en disposición de aceptar al otro con las suyas. Y ambos, trabajar sobre ello. Es entonces cuando el amor trasciende. Desde el amor a uno mismo, hacia la aceptación y amor por el otro, para traspasar el delicado umbral que conduce del enamoramiento al AMAR.

El verdadero amor no tiene una venda en los ojos. El verdadero amor pasa por retirar esa venda y aceptar lo que vemos. Pasa por reconocernos como seres incompletos que buscan llenarse a sí mismos para luego compartir con el otro parte del camino. Y ser mejores cada día, enfrentarse a los propios monstruos, y no arremeter contra los demás. No destruyendo, sino construyendo. Para hacer surgir un mundo nuevo, sólo desde el AMOR.

Amarte con los ojos cerrados
es amarte ciegamente.
Amarte mirándote de frente
sería una locura...
Yo quisiera que me amaran con locura.

Margueritte Yourcenar

lunes, 24 de junio de 2013

Jaboneando con Elena

El pasado 12 de mayo impartí un taller básico de jabón natural. Tras un copioso desayuno a base de delicias reposteras que preparamos entre varias, pasamos a elaborar nuestros jabones. Lo pasamos genial y aprendimos muchas cosas. Gracias a todas por participar con tan buen ánimo. Aquí tenemos el vídeo, espero que os guste:


viernes, 12 de abril de 2013

Mente y sufrimiento

De pequeños nos enseñan a identificarnos con un cuerpo, con una mente y con los objetos vinculados a ellos. A través del lenguaje aprendemos que Yo es 'mi coche', 'mi muñeco', 'mi cuerpo', 'mis sensaciones' y 'mis pensamientos'. A partir de ahí, ya estamos entrenados para un sufrimiento permanente, pues esa supuesta realidad es cambiante e ilusoria, y al identificarnos con ella, sufrimos una pérdida constante y el dolor que ello conlleva.

¿Cómo saber lo que somos realmente?¿Cómo romper esa vinculación con el ego que trata de suplantar nuestra identidad?

Si se nos estropea el coche, tendemos a decir 'tengo un problema'. Si queremos mucho a nuestra pareja y a toda costa queremos estar con ella, pero en un momento dado ella no quiere, diremos 'tengo un problema'. El sufrimiento está asegurado. Pero ¿realmente existe el problema?¿cuál es en ambos casos? En nosotros, realmente ninguno; pero en nuestra mente surgen pensamientos negativos con los que nos identificamos: si el coche se ha averiado, el 'problema' lo tiene el coche, a mí no me pasa absolutamente nada. Si mi pareja no quiere verme, hay dos posibilidades: Que esto sea algo temporal y se resuelva; que no se resuelva y no quiera verme más

En ambos casos ¿Para qué sufrir? Si es un asunto temporal y va a solucionarse, no tengo porqué preocuparme; si es definitivo y no puedo hacer nada para cambiarlo, tampoco. Parece claro, pues, que los problemas proceden de nuestra situación mental, del pensamiento de turno que se nos cruce por la cabeza ¿Merece la pena tanto dolor en vano?¿Y si pudiéramos liberarnos de él?

Primero nos identificarnos con ese pensamiento de dolor, después viene el odio, y tras él, el deseo de venganza. El odio surge una y otra vez en pequeñas situaciones cotidianas ¿Cuantos motivos para enfadarnos con nuestra pareja encontramos cada día? Tenemos que aprender a controlar nuestra mente, a identificar  ese pensamiento de odio para poder transformarlo. No se trata de reprimirlo, una vez instaurado, pues eso nos lleva a una explosión de rencor en cualquier situación posterior. Debemos reconocerlo, y no dejarnos arrastrar por él con un sinfín de pensamientos negativos que necesitamos para confirmar que tenemos razón y justificarnos interiormente para la venganza: cuando esto ocurre, recopilamos todos los aspectos de nuestra pareja que nos disgustan y así nuestro ego se siente cada vez más fuerte y preparado para el ataque.

No dejemos que esto ocurra, no somos nuestro enfado. Si queremos al otro, hemos de aceptarlo como es, si algo de lo que lleva a cabo nos hace sentir mal, no le odiemos, pues no es consciente de sus apegos. Si nosotros vamos aprendiendo, la enseñanza se irá extendiendo alrededor nuestro, en un crecimiento sin fin.

Una y otra vez leemos que hay que romper estos apegos, esta identificación con la mente, que no es más que el 'Maya' de los hindúes, pero ¿cómo hacerlo? Tenemos muchas herramientas a nuestro alcance, pero en todas ellas subyace el trabajo meditativo, que en definitiva nos conduce a controlar, a dominar la mente, para poder Ser. Contamos con los ejemplos que nos brindan las grandes religiones: Buda o Cristo nos enseñan cómo llegar, nos hablan de 'iluminación' o de 'resurrección', que son dos aspectos de lo mismo. Y así, el sufrimiento se transforma en vía de conocimiento. Venimos al mundo con un cuerpo y una mente a los que nos apegamos, con los que nos identificamos, con el dolor asegurado; y nuestro camino consiste en liberarnos de ese dolor, el mismo que los católicos llaman 'pecado original'. Entonces ¿Qué somos nosotros, si no ese dolor del cuerpo o la mente? La conciencia que es capaz de observarlo y transmutarlo. La conciencia, la esencia espiritual que trasciende el cuerpo y la mente, eso somos nosotros.

Para leer:
- 'Un nuevo mundo, ahora', Eckhart Tolle
- 'Cómo solucionar nuestros problemas humanos', Guese Kelsang Gyatso




















lunes, 8 de abril de 2013

Retiro de ayuno, purificación y compasión

En este camino constante de búsqueda espiritual, este fin de semana surgió la posibilidad de hacer un 'Retiro de ayuno, purificación y compasión' en un centro budista. Este retiro constituye una valiosa y poderosa práctica para aumentar nuestra compasión y limpiar la mente de obstáculos y negatividad.


Avalokiteshvara
Guiados por la maestra Guen Kelsang Chokga, antes del amanecer tomamos los preceptos Mahayana, para continuar con un ayuno completo, postraciones, oraciones sinceras y súplicas a Avalokiteshvara, el Buda de la compasión.

Guen Kelsang Chokga








El propio sufrimiento te conecta en el silencio con el sufrimiento de los demás, para llegar a la comprensión y a la compasión. El núcleo mismo del ego, el dragón que parecía invencible, es atacado y vencido. Entregando nuestra mente por medio de la oración, nos vamos desprendiendo de todo pensamiento ajeno a la intención que nos trajo aquí. Las postraciones y el ayuno mantienen el cuerpo 'a raya', en un ataque frontal al orgullo, hiriendo mortalmente al engañoso ego. Nos postramos ante un ser de mente pura, reconociendo nuestros errores e impurezas, pero a la vez, poniendo la intención en alcanzar ese estado inmaculado, que ya está en nosotros, sólo tenemos que liberarnos de las ataduras que nos ciegan.

San Miguel Arcángel
El silencio te hace ver cuánta energía derrochamos en decir cosas innecesarias: 'Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio no lo digas' (Proverbio árabe). Te ayuda a mantener la lucha interna, mientras sientes el amor incondicional y la compasión en las personas que te acompañan, aún sin mantener ninguna comunicación física. Favorece el recogimiento, el descanso, la meditación.

La sonrisa imperturbable de Guen Kelsang Chokga irradia una paz infinita, que te hace confiar en que ese estado es posible. Te conecta con lo mejor de tí mismo, y te hace sentir un inmenso amor hacia todos los seres sintientes, así como una enorme gratitud.


Si aspiras a convertirte en maestro Zen, debes apartar
 los bueyes del arado y robar la comida del hambriento.
Cuando separes los bueyes del arado la cosecha 
prosperará y cuando despojes al hambriento 
de su comida le liberarás del hambre para siempre.
Para mucha gente lo que acabo de decir carece de sentido. 
¿Cómo es posible que la cosecha florezca si dejas de arar? 
¿Cómo saciarás el apetito del hambriento si le despojas 
de su comida?
Para ser un verdadero maestro debes separar los bueyes 
del arado, robar la comida del hambriento y dar un 
empujón por sorpresa para que la gente abandone su 
modo rutinario de pensar. Diles entonces: 
"La satisfacción jamás es completa. Las calamidades 
nunca vienen solas" 

Maestro Wuzu

▪ Acerca de los ocho preceptos Mahayana: http://kadampa.org/es/buddhism/recibir-preceptos
▪ Sobre retiros y otras actividades del Budismo Kadampa: http://www.vajrayanamadrid.com/

viernes, 23 de marzo de 2012

Despertar así...


No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría
palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo
tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto
nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa
sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía
pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro
y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido
y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.

Todavía, Mario Benedetti

viernes, 3 de junio de 2011

Soñando Artemisa

Fue la cadencia del cello. No la de la percusión, ni la del piano con patas de saltamontes, ni la del saxo barítono. De nuevo ese sonido que arañaba las paredes de su alma arrancando viejos lamentos ocultos tras capas de olvido, la hacía balancearse en aquel sillón como de barco. La sala, atestada de pétreas olas humanas de oídos hambrientos.
Se siente diminuta junto al enorme joven de color sentado a su izquierda. Desea sumergirse en la música templada, acurrucarse bajo capas de notas que acallen su mente, aunque sea un instante.

Se siente tan cansada... una extraña placidez le susurra cálidas burbujas de calma, a las que su cuerpo se entrega mientras su cabeza hierve de inquietud.

Buscando una salida, se entrega a la imagen de su amiga Caty deslizando el color sobre el papel como si nunca hubiese hecho otra cosa. Desde el pálido cobalto del zénit hasta el regio púrpura del horizonte, tras un primer plano que baila entre malvas, violetas y poderosos morados, el pincel acaricia la superficie como una prolongacion de su mano, de su alma, anunciando cambios en un plano aún por llegar. Clara bebe de ese sosiego, y se sumerge en un profundo sueño envuelta por la música, la tensión quedó atrás.

Añora la cotidianeidad que no conoció. Los tiempos de no pisar el suelo quedaron atrás. Quería calma, extrañaba esa rutina tan denostada ayer. No creía en la fugacidad, ha de permanecer lo que está, lo que se toca, y no los sueños transparentes que se evaporan al abrir los ojos. La realidad se construye cada día, a cada momento, con la constancia y la presencia.

Abrumada por la ausencia, el vacío abre camino a la duda. Una sacudida a tiempo la despierta y llama a arrojar el confortable abrigo negro, el falso calor de la vana ilusión. Artemisa acude a su encuentro, de nuevo trata de guiar sus pasos y acallar a la silente Hera de piel de nácar. Ella sabrá qué hay que hacer, y se pone en sus manos.

martes, 1 de marzo de 2011

Cuando la sombra duerme (o Restos de un mal sueño)

Hoy no hay luna. La noche es negra como los augurios más oscuros. Ni siquiera las farolas se atreven a asomar la nariz. El tiempo hizo un giro extraño y se quedó atrapada no sabe dónde, ni cuando.

Todo pierde el sentido, la mentira acaricia el silencio, la ciudad encantada de sus sueños se desvanece entre ráfagas de cruda realidad. El paraíso es sólo para los ciegos, los demás acaban despertando.

Una voz le susurra: todo está bien, todo está bien... pero no puede sentirlo. No puede. Se replegó de nuevo allá dentro, encogida como un pajarillo en invierno. No quiere que la vean, que la escuchen. Sólo quiere huir de todo, de todos, de sí misma.

Si él estuviera aquí... pero no está. Esa es la realidad. Lo que tiene es lo que ve. Y ahora sólo puede ver su sombra.

No entiende. No puede entender. Su esencia es de otro lugar.

Cogería un coche y se dirigiría hacia la autopista que conduce muy lejos, su preferida. Sola, con la música a tope, como hiciera otras veces... es ese el silencio que ahora anhela.

No perderá el rumbo, nunca se lo permitió. Mañana se levantará a las 7h. Como cada día, se enfrentará a lo cotidiano con las fuerzas mermadas, pero con el coraje de siempre. El sol iluminará sus cabellos y sus ojos brillarán, hasta que la sonrisa encuentre el camino perdido.

Y volverá a sentir su ciudad encantada, los fantasmas desaparecerán con la noche. Y disfrutará de cada minuto, de cada gesto, de cada mirada, de cada palabra. Sus amigas tirarán de la túnica blanca de seda que flota sobre el suelo, hasta que sus pies no sientan frío al tocarlo. Y poco a poco la envolverá esa alegría que arrastra, esa de vino y rosas, de reencuentros sin desencuentros, de valses naranjas que cantara el piano tiempo atrás... Volverá la bella Sara, la que todos buscan, la que siempre sonríe, la que puede con todo... mientras su sombra duerme.

jueves, 10 de febrero de 2011

Física en Químicas

Relato de Ismael

Podría pasarle a cualquiera...no sólo a Ella con su capacidad de promover situaciones en la que los límites no son un problema, o a Él que acepta sugerencias y las lleva hasta las últimas consecuencias.

Comenzó en una taberna.
Ella le acariciaba y lo miraba con ternura.
Él escuchaba las proposiciones de su mirada y asentía con su mano entre sus piernas.
Al final de la barra un grupo de hombres discutiendo bajo una pobre luz.

Ella tomó un sorbo de vino, él se lo bebió.
Él imaginó un lugar, ella se lo propuso.

Salieron rápidamente del bar y caminaron hacia el coche.
Nunca llegaron.....en el camino Químicas.
Bajaron las escaleras y preguntaron en la cantina por los aseos.
Al fondo... dijo el camarero
Ella le cogió la mano, él no la soltó.

Damas ponía.....y cerró la puerta.
Silencio......

Las miradas se cruzaron y ya no pensaron
Entonces, las manos fueron pasos recorriendo los caminos que en la Física encontraron.

El tiempo se detuvo un instante.....

Unos pasos...un lavabo.
Silencio... y un portazo.

Despertó el reloj.
Las cómplices risas su secreto...
Salió él....
Después ella....
Y ya no se cruzaron.

miércoles, 26 de enero de 2011

El tipo serio del BMW gris

Sumergida en la vorágine de la ciudad, se escuda tras su pecera de cristal tratando de permanecer ajena al ritmo enloquecedor de las calles madrileñas. Se siente extraña en este universo de asfalto y neón, donde el tiempo aprisiona las almas de los incautos. El semáforo rojo detiene su huida, y posa la mirada esquiva a su alrededor: personas yendo de un lado a otro con gesto inexpresivo y mirada ausente, coches a uno y otro lado, edificios parpadeando, frío mezclado con el humo de los tubos de escape... Algo la sobresalta en esta gélida mañana... Una de esas miradas espesas y lánguidas, no le resulta extraña, como si la hubiera visto muchas veces, parece buscar ayuda ... Varios coches más allá, el tipo serio del BMW gris clava su ojos en los suyos, la ha visto, la ha reconocido y suplica unas gotas de entendimiento, de escucha desde lejos... No puede dárselo, tendrá que indagar en su interior. Cómo añora los brazos de su amado apoyado en su espalda, envolviéndola con un abrazo infinito que le cruza el pecho, y en el que se siente tan segura.

Pero... es tan triste esa mirada... Quedaron grapados en su memoria esos ojos lánguidos de largas pestañas. Profundos como un dolor viejo y denso. Enmarcados por un rostro cualquiera que se confunde con la neblina de las primeras horas 'Estoy atrapado en mí mismo... Sálvame...' Ojos de fracaso, de renuncia a seguir luchando, de desesperación, de absurdo, de atardecer amargo, de existencia de papel mojado... Quizás vaya a una triste reunión de hombres tristes,  hombres tristes y grises de elegantes trajes de Armani, tristes corbatas de seda gris que vigilan las líneas hieráticas de camisas almidonadas ... Y le espera una existencia gris, una mujer que se volvió gris de tanto esperar nada, y una lujosa casa de paredes grises.

Un gesto. Un sólo gesto habría bastado para sacarle de allí, pero no le correspondía a ella hacerlo. Tendría que aprender por sí mismo. No había vuelta atrás para él: había visto, en una ráfaga de cordura loca, que quizás otra vida... otro calor... otro color...

El semáforo ya está verde, se reanuda la marcha congelada. El tipo gris al otro lado de la calzada va quedando atrás, su mirada aún pegada en su rostro desaparece engullida por el retrovisor. Hace frío fuera y Sorane quiere volver a casa.