viernes, 23 de abril de 2010

Barceló y Monet, de la oscuridad a la luz

O la crónica de una muerte anunciada
El cielo derramándose sobre mis cabellos refleja el ánimo ceniciento de los corazones vespertinos. Los pies me conducen a paso firme sobre las aceras grises, esquivando encontronazos con peatones sin rostro. La vista se pierde entre tanto ir y venir de vehículos sin rumbo, sirenas que aúllan a nadie y arrollan el silencio, policías que indican trayectos alternativos como marionetas de lo absurdo...
Nunca me gustó ver más de una exposición el mismo día. Pero esta vez las cosas surgieron así, transformándose en una experiencia purificadora, transformadora. Una experiencia única e inolvidable.

Mi objetivo se encuentra tras aquella callada esquina, tan cerca del bar de Maite. Necesito terminar de sumergirme en la materia, rendirme a este dolor que lacera mi interior, apagar la última resistencia. Aquí será posible. Retrospectiva de Barceló. Viaje a las profundidades del abismo. Toma de contacto con lo más crudo de la realidad. Hundir los pies en el fango, sumergirse en el lado más oscuro de la existencia. Una sensación de asfixia me oprime el pecho, la dejo simplemente estar. Forma parte del proceso. Angustia, soledad, aprisionamiento en una viscosa tierra negra. El germen que traía en el bolsillo se despliega en toda su amplitud: lo dejo ser. Lo vivo, lo comprendo... antes de dejarlo a un lado.

La etapa sahariana anuncia una nueva perspectiva: el viento se abre paso, empieza a mover la materia. La luz se asoma. Comienzo a respirar, mi cuerpo se hace algo más liviano, el blanco arrastra el desasosiego. Busco en las acuarelas atisbos de un color más limpio, que no acabo de encontrar.

En este momento en que mi vida se derrumba como una fila de naipes, para dejar paso a una nueva existencia, en el que aún siendo más consciente de la fuerza de lo que permanece, experimento el dolor de la pérdida, de la ausencia, de lo que ha de quedar atrás, de lo que he de dejar pasar sin miedo a perderme, de aquello que me retiene en el lugar equivocado, embriagada por los falsos cantos de sirenas que confunden a mi conciencia... El dolor que me provoca el desgarro de una verdad que me negué a mirar de frente, el miedo al abandono, a la soledad... El miedo, siempre el dragón del miedo que habré de atravesar con el haz de luz que me regale la crisálida.


Por eso tenía que pasar por aquí. No me detengo, no disfruto, pero tampoco juzgo ni huyo sin más. Simplemente, lo vivo. Estos cuadros densos y viscosos me ayudan a entender de dónde quiero salir. Acongojada, aturdida y decepcionada por los gestos equívocos, las miradas esquivas y las palabras mentirosas que me acompañaron estos días atrás, me dirijo de nuevo a la calle mojada. Ni el aire fresco en mi cara, ni la intensa luz que escudriña mis ojos entornados, consiguen acallar el grito que late en mi garganta. Paso firme y consciente. Llego a tiempo para la última entrada en el Thyssen: Monet y la Abstracción. Todo mi cuerpo respira al entrar. El intenso azul que sirve de telón de fondo al reluciente naranja del sol, en aquél atardecer en un mar de Monet, saluda mi llegada y la crispación desaparece, el nudo se desvanece. Qué manera tan curiosa y potente de percibir cualidades tan dispares a través de la contemplación de las obras de arte. Nunca antes me había llegado tanto el efecto terapéutico de la pintura, o el anti-terapéutico. Esta lluviosa tarde de primavera ha sido el escenario de una puesta en escena completa, de una interiorización de lo que ya sabía, pero que no había experimentado en toda su amplitud.

De Kooning trata de emular ese efecto luminoso en gigantescas pinturas casi monocromas, a través de la forma. Rothko consigue un efecto espectacular en sus enormes naranjas, auténtico bálsamo para el alma, podría contemplarlos durante horas, como me dejo acariciar por el sol en las cálidas tardes de verano. Inspirado por Monet, y siguiendo caminos de expresión muy diferentes, plasma en su arte una divinidad tan reconocible como luminosa. Una misma esencia, un mismo efecto sanador sobre los afortunados que pueden contemplarlo.

Pollock se queda con el gesto, con ese trazo ininterrumpido que recorre los enormes lienzos de nenúfares en los que de tanto desprenderse, el artista de París apenas encuentra espacio para la materia. De haber seguido pintando, sólo hubiese quedado el gesto, la intención, la idea, la luz...

Una cita ineludible, una nueva visión de Monet como maestro y precursor de corrientes que parecían tan lejanas. Una comprensión más abierta del arte, en que los límites se desvanecen, y nos llega en una dimensión abarcante, de continuidad, que nos ayuda a percibir lo que une y no lo que diferencia. El arte como un Todo que forma parte de un Todo aún mayor.
Y como el color sólo surge de la interacción entre luz y oscuridad, os recomiendo tanto la exposición de Barcelo en el Caixafórum como la de Monet y la abstracción. Mejor el mismo día.

Monet y la Abstracción: Museo Thyssen-Bornemisza y Fundación CajaMadrid. Hasta el 30 de mayo;
La solitude organisative: Retrospectiva de Barceló en CaixaForum Madrid. Hasta el 13 de junio.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

tu alma embelesa, tu vida llena, tu escritura empalaga

Carmen dijo...

Mi muy querida Elena,
Leí tu artículo sobre las expo de Monet y Barceló. Me gustó mucho, no hay duda que tienes talento no solo para la pintura sino para la escritura, pero lo que más me gustó es tu puesta en práctica de ese estado de conciencia de uno mismo sin reaccionar, aceptando lo que sentimos en el momento, dándole cabida y eco pero sin repercusiones hacia los demás. Es curioso como la vida nos provee de lo que necesitamos si estamos atentos a los mensajes y lo que más me sorprende de forma muy grata es como nos va llevando al mismo lugar por rutas diferentes, es como si nuestra amistad además de grata y placentera siempre hubiera tenido un significado oculto al que nos vamos acercando, que cada día vislumbro más claro. Como dice Quevedo "los que de corazón se quieren con el corazón se hablan". Y parafraseándolo de nuevo, quiero que sepas que “aunque mi voz no te escriba, mi corazón te sigue hablando”

Al hilo de la reflexión de Maria Zambrano sobre Arte y Vida, te copio una frase:

La experiencia espiritual, como la inspiración, es comúnmente asociada con sentimientos de claridad, conexión, apertura y energía. En el arte, u otro trabajo creativo, la búsqueda de la inspiración puede ser un emprendimiento espiritual. Estar inspirado es estar en el espíritu; estar sin espíritu es sentirse separado y desmotivado. Cuando uno es inspirado por una obra de arte, un maestro espiritual, o un nuevo descubrimiento interior, uno se siente refrescado, revitalizado y renovado

http://www.zonatranspersonal.com.ar/sala-de-lectura/inteligencia-espiritual-frances-vaughan.html

Un beso, cuidaté y disfruta de la serenidad y paz recobrada
Carmen

Anónimo dijo...

Muy hermosas palabras.
Monet una maravilla.