domingo, 28 de diciembre de 2014

Oporto es Hazul

De nuevo allí. En mi ciudad encantada, donde los duendes pasean sin complejos entre ciudadanos más o menos insomnes. La soledad es gigante, y te acompaña. Las caras de lo posible se muestran en mil realidades simultáneas, allí más que en ningún otro lugar. Donde el tiempo tiñe las paredes de sueños escondidos, esperando una oportunidad para bailar al son del acordeón. Caminando sobre adoquines de mármol blanco y negro, que dibujan espirales de vida que cantan al aburrimiento, los sentidos despiertan a un mundo mágico. Huele a castañas asadas. La niebla pinta los tejados de blanco. Multitudes se deslizan por Santa Catarina... El Duero de plomo arrastra lo que quieras dejar allí... El corazón late con el color de las calles: en el arte sobre muros gastados, en la ropa tendida... y sobre todo, en los músicos que esparcen la esencia del hechizo.
Y a pesar de la algarabía, todo invita al recogimiento. Y en mi habitación, vuelvo a mis meditaciones, y a mis dibujos de madonnas...










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